
En el mundo de las almas perdidas;
en el sueño de los infantes,
que con tunicas blancas envuelven
los despojos de los cuerpos,
por que no llevan consigo
el clamor del alma.
Y en el borde de una ventana,
exclaman el poderio de la vida
la calma de eternas causas;
que no se apartan de su olvido
del pábulo de su accion.
Y al sonar de tambores
explota el sentir de su cuerpo;
traiciona el poder de su alma
y grita sin piedad alguna,
en el palpitar de sus deseos
sin poder entender la vida de su muerte.
Y entre bastones que soportan
el dolor de su alma,
surge humo de consuelo;
eterno frenesi de magia
que proclama luz de infancia,
que regocijada en calma
pide mas que fuego.
Y al final de un camino
donde solo llegan las almas,
temen por no ser negadas
solo quieren ser atormentadas;
y no hay dolor de sueños
solo corazones sin alma,
que ruegan por tenerla
que desean no dejarla,
y en la paz del estas sus hijas
flotan en sosiego,
de libertad marcada
en infinitos sentimientos.
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